Pon tu invento a buen recaudo


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copyright

La innovación debe estar en la hoja de ruta de cualquier empresa que se precie de competitiva. Pero, para que realmente sea efectiva, debe estar protegida. La patente es una de las opciones más recomendables.

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Prepara un buen dato

Evalúa los costes y los beneficios de la patente. Entre los primeros has de valorar tanto los costes tangibles (los gastos de tramitación, de mantenimiento, de seguimiento, el agente, los costes de traducción y tramitación si quieres extender la patente al ámbito internacional) como los intangibles (los riesgos de la divulgación).

Debes sentarte a analizar, sobre todo, que tipo de exclusividad te otorga la patente. Esto es: los posibles derechos de explotación, la posibilidad de que esta decisión bloquee a la competencia e impida que la competencia nos bloquee a nosotros, si te da mayor visibilidad y rentabilidad, y si te facilita el acceso a programas de cooperación tecnológica, más acceso a subvenciones. En un segundo término tienes que ver si supone para ti un buen argumento comercial y si le va a resultar agradable a los oídos de tus potenciales inversores.

Análisis del momento

Si estás arrancando, debes prever cualquier posible cambio en la línea de investigación futura, por lo que la redacción de la patente debe ser lo suficientemente amplia como para que te permita abandonar una línea inservible y optar por otra nueva.

No divulgues nada

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Uno de los errores más graves es hacer público el invento antes de presentar la solicitud en la Oficina de Patentes. Uno de los requisitos de la patente es que sea una novedad a nivel mundial, en el momento en que esa innovación se hace pública por cualquier canal, pierdes la opción de patentar (por eso el carácter ofensivo de la patente: al solicitarla haces pública esa tecnología y eso impide que otros la puedan monopolizar).

Redacción amplia…

Pero con matices: Mario Sol Muntañola, profesor de Propiedad Industrial e Intelectual de ESADE, aboga “por una redacción amplia que nos permita poder abarcar modificaciones futuras, pero sin que llegue a diluirse la idiosincrasia de tu invento”. Esta redacción debe incluir los aspectos esenciales que hacen diferente tu invento porque los despachos de abogados están llenos de oposiciones por malas redacciones de patentes. Es decir, no se puede poner en una patente que el receptor de ondas de un mando a distancia se encuentra en el interior del motor, deberá especificarse exactamente dónde se sitúa esa pieza.

… Pero sin pasarte

Como insiste Javier Martínez, profesor de Propiedad Intelectual  e Industrial de IE Law School, “hay que tener cuidado con qué elementos se incluyen como esenciales, porque esa decisión puede resultar contraproducente: podría ocurrir que una simple modificación de elementos que el inventor hubiera reivindicado como esenciales sin serlo realmente, permitiera a un competidor realizar una actividad que, de otro modo, hubiera supuesto una infracción de su derecho exclusivo”.

Protégete aquí y fuera

En España hay tres vías para patentar, la nacional, la europea y la PCT. La nacional se realiza en al OEPM y es la indicada para invenciones menores o que se circunscriban al ámbito español. La europea se realiza en la Oficina de Patentes Europeas (EPO). No es una patente que cubra automáticamente todos los países europeos, sino un procedimiento que facilita que una solicitud sirva para iniciar el registro en los estados que se solicite (de entre un total de 20 países que están acogidos al convenio). Para la concesión hay que atenerse a la legislación interna de cada país. Debe traducirse a uno de los tres idiomas oficiales (francés, alemán e inglés) y en algunos casos se exige también la traducción al idioma local (como es el caso de España).

Ten en cuenta que cada traducción es un coste, al que hay que añadir los costes de cada país donde finalmente se patente. El proceso dura en torno a 4 o 5 años.

Por último está la PCT, gestionada por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). Es una especie de patente internacional que simplifica mucho los trámites: con una solicitud en un solo idioma puedes elegir entre 120 países y tienes 20 meses para testar la viabilidad de esta opción. Pasado ese plazo tienes que decidir en qué país solicitas la patente.

El coste de solicitar una patente europea o internacional puede dispararse hasta los 20.000 euros. (sumando los costes de patentar en cada país). Así, te recomendamos que te informes sobre las subvenciones a la protección industrial para inversiones españolas fuera de España.

Identifica el mercado

Como señala Juan Antonio Romero, de Elzaburu Protección Industrial e Intelectual, “no tiene sentido patentar una embotelladora de agua mineral en un país donde no haya manantiales. Recientemente, un francés ha inventado una pasta de cacahuete de alto aporte energético y lo ha patentado en países del África Subsahariana, que es donde realmente puede tener mercado”.

Actúa con cabeza

Si pese a todo el seguimiento, detectas una infracción, conviene que acudas a un especialista local que te pueda defender, porque las tácticas varían notablemente de un país a otro. “Aquí, por ejemplo, a menudo es suficiente con un burofax para evitar la vía judicial, pero en EE UU eso puede perjudicarte”, señala Rafael García del Hoyo, socio deCremades & Calvo Sotelo. Además, debes tener en cuenta que cada vez que ejerzas el derecho de oposición a una patente, te va a suponer un coste…

Fuente:

emprendedores.es

Julia Coronas

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